Nueve años entre grietas

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Con yeso y paredes a punto de desprenderse de muros, cornisas y puertas, vecinos de Aguascalientes 12, en la Colonia Roma Sur, aún no han conseguido que su edificio sea intervenido.

Una gruesa capa de pintura color ocre intenta disimular dos profundas cuarteaduras que recorren de piso a techo el muro principal de la torre B del mezzanine del conjunto habitacional ubicado en Calle Aguascalientes 12, en la Colonia Roma Sur, Alcaldía Cuauhtémoc.

«A pesar de que están las cuarteaduras, las áreas las conservamos verdes y limpias», contó Rita Servín, una de las pocas habitantes que aún reside en el conjunto.

Cubiertas con mosaicos del mismo tono, jardineras resguardan plantas que reciben la luz del sol a través de los amplios ventanales del inmueble, detrás, una de las áreas comunes alberga árboles frondosos y macetas.

De los 70 departamentos que conforman la unidad, apenas nueve familias permanecen en ella.

La escasa ocupación genera un eco que se extiende por los pasillos y escalinatas de los imponentes nueve niveles construidos hace al menos cuarenta años.

«Fue impactante, entonces yo tenía una cita médica en Ecatepec y me estaba preparando. Empieza el temblor y dije ‘Madre mía’, lo que hice fue ponerme atrás de un sillón hasta que pasara el temblor. No salí», contó Servín.

El sismo del 19S de 2017 marcó un parteaguas para los habitantes del edificio.

Después de que en un primer momento el inmueble fuera catalogado como de alto riesgo, la mayoría de los residentes optó por desalojarlo, entre ellos Servín.

«Esa noche no nos quedamos acá, mi familia y yo nos quedamos con un hijo que está cerca. Al principio sí, empezamos a quitar todos (los escombros) y en el día veníamos para lo que se ofreciera, y en la noche nos íbamos», contó.

Servín no volvió a habitar su departamento sino hasta 2021, cuando comenzaron a registrarse invasiones en las viviendas desocupadas y su estancia en el inmueble resultó conveniente para atender problemas de salud en un centro cercano.

«(Tras la invasión) no se metió una denuncia ni nada. Este es mi único patrimonio, entonces me tuve que volver a venir a vivir acá», señaló.

Dentro de su vivienda, prácticamente no hay muro libre de cuarteaduras.

La pintura desprendida y el yeso resquebrajado dejan expuestos el cableado, los ladrillos y el concreto que conforman la estructura de los muros.

«Eso es lo que también se explota mucho; el miedo. ‘Ay, qué terrible, nos vamos a morir aquí’, Despertar lástima, a mí no me gusta. Pues sí, nos ocurrió. ¿Que nos quieren ayudar? Sí, pero el principal bloqueo somos nosotros, porque no nos hemos podido poner de acuerdo en que sí y que no», señaló Servín.

Una inspección después del sismo, realizada por personal del Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (CENEPRED), y considerada por el Instituto para la Seguridad de las Construcciones de la Ciudad, concluyó que la estructura no presentaba daños y que las afectaciones se concentraban en elementos de acabados, por lo que los edificios podían considerarse habitables, con restricciones.

«A pesar de los daños observados, la estructura no presenta una condición de inestabilidad. El edificio está en litigio dentro del programa de reconstrucción de la CDMX. Para evitar afectaciones a los mismos condóminos y a las edificaciones vecinas de la periferia se recomienda iniciar a la brevedad un programa de eliminación y/o estabilización de las fachadas de los edificios del complejo, principalmente las fachadas de la periferia y aquellas que dan hacia las vialidades y pasillos dentro del complejo.

«Se dictamina como estructuralmente estable y sin ningún riesgo inminente de colapso», se señala en el oficio de evaluación fechado en junio de 2020.

Sin embargo, a partir del dictamen comenzó una disputa legal entre los condóminos que impulsan la demolición del conjunto para levantar un nuevo inmueble y los que defienden la rehabilitación de las estructuras existentes.

«Ya no estoy casada con ninguna de las dos (opciones). Estoy en la mejor disposición para que se realice lo que se tenga que realizar. Los vecinos que quieren reconstrucción quieren un edificio nuevo porque les va a dar más valor. Estamos en la Roma y un edificio reconstruido no obtiene la misma cotización que un edificio rehabilitado.

«Pero también a pesar de que tengas el edificio nuevo, vas a tener problemas. Yo tengo 120 metros cuadrados y la reconstrucción no me van a dar los 120, también tengo estacionamiento, tengo un cuarto de servicio», explicó Servín.

Asimismo, la vecina señaló que una eventual reconstrucción contemplaría cerca de 100 departamentos, unos 30 más de los que actualmente integran el conjunto habitacional.

A su consideración, ello implicaría una mayor presión sobre los servicios y recursos necesarios para la operación cotidiana del inmueble.

En los próximos meses, un tribunal colegiado deberá resolver si el conjunto es demolido o rehabilitado.

Mientras tanto, sobre el marco de sus puertas, en sus paredes y sus columnas y aún debajo de las nuevas capas de pintura, los habitantes mantienen el recuerdo de cómo ha sido vivir por nueve años entre las grietas.