China y EU muestran formas enfrentadas de poder mundial

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El líder chino, Xi Jinping, llegó a Asia Central esta semana con un mensaje para un mundo cada vez más inquieto a causa del presidente Donald Trump: China tiene amigos e influencia, y está preparada para ayudar a dar forma a lo que viene.

La escena se desarrolló en una cumbre de seguridad en Biskek, la capital de Kirguistán, donde Xi se reunió con los líderes de Rusia e Irán. Presentó a Pekín como una fuente de estabilidad y un defensor de un “mundo multipolar ordenado” que remplazaría al actual orden dominado por Estados Unidos.

Si la cumbre de Biskek estaba diseñada para proyectar solidaridad, una reunión de los países más poderosos del mundo en las montañas de Asheville, Carolina del Norte, ofreció una imagen de fractura.

Esta semana, los funcionarios europeos que asistieron a esa reunión de ministros de finanzas y banqueros centrales del Grupo de los 20 expresaron su indignación porque el gobierno de Trump había invitado a Rusia, a pesar de su guerra contra Ucrania. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, afirmó que Canadá era demasiado pequeño para librar una guerra comercial con Estados Unidos. Y los funcionarios ya se enfrentaban a las repercusiones económicas de la guerra estadounidense-israelí con Irán, que interrumpió el flujo de petróleo, hizo subir los precios mundiales de la energía y amenazó con desacelerar el crecimiento.

Las reuniones simultáneas que se llevaron a cabo en lados opuestos del mundo reflejaron la contienda más amplia sobre quién definirá la próxima fase del orden mundial. China utiliza su solidaridad con Rusia e Irán, dos países en guerra con Occidente, para proyectar su influencia, lo que le da ventaja a Xi mientras se preparaba para una cumbre con Trump a finales de este mes. Estados Unidos, por su parte, ponía a prueba las alianzas y las relaciones económicas que han sustentado décadas de liderazgo mundial.

“La teoría de China sobre el argumento para inclinar el orden político internacional en su dirección preferida es acumular el apoyo de la ‘mayoría global’”, dijo Ryan Hass, exdiplomático de carrera y funcionario de seguridad nacional de la Casa Blanca que ahora se encuentra en la Institución Brookings.

“Esta es la razón por la que la participación de Xi en estas agrupaciones es tan importante para Pekín”, agregó. “Construye una narrativa en torno a que China gana impulso a la hora de generar apoyo para desempeñar un papel más central en el escenario mundial”.

En Biskek, en la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái, Xi se reunió con los líderes de Kirguistán, Mongolia y Uzbekistán, pero sus conversaciones con el presidente de Rusia, Vladimir V. Putin, tuvieron el mayor peso. Apenas unos días antes, John Ratcliffe, el director de la CIA, había hecho un viaje secreto a Moscú para instar al Kremlin a poner fin a la guerra en Ucrania. Xi le dijo a Putin: “Los cimientos de las relaciones entre China y Rusia serán cada vez más fuertes”.

El presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, también asistió a la cumbre. Los medios iraníes informaron que se reunió con Xi al margen del encuentro, pero no parecieron tener conversaciones programadas.

Putin, sin embargo, sostuvo una reunión con el presidente iraní, en la que elogió la “valentía y resiliencia” del pueblo iraní al luchar por sus intereses nacionales. El líder ruso subrayó cómo Moscú acudía en ayuda de Teherán en medio del conflicto con Estados Unidos.

“Durante este momento difícil, tratamos de brindarles la asistencia que necesitan”, dijo Putin. “Hemos discutido esto con ustedes y les estamos suministrando los bienes necesarios”.

Más temprano ese mismo día, Putin elogió la consolidación de un nuevo centro de poder en la Organización de Cooperación de Shanghái y calificó a la agrupación como “uno de los centros independientes e influyentes del emergente mundo multipolar”. Sus países miembros, señaló, albergan a casi la mitad de la población del planeta y más de un tercio de su producto interno bruto.

En comparación, Estados Unidos parece alejarse de sus aliados históricos y debilitar la capacidad del país para proyectar fuerza a nivel mundial. Trump ha iniciado una guerra comercial con Canadá y reducido los ejercicios militares con Corea del Sur. También crece la preocupación de que Estados Unidos esté agotando sus municiones en Irán y sea incapaz de cumplir sus compromisos de defensa en todo el mundo.

Lars Klingbeil, vicecanciller y ministro de Finanzas alemán, dijo a los periodistas en el G20 que era “preocupante” que el gobierno de Trump hubiera invitado al ministro de Finanzas de Rusia, Anton Siluanov. Klingbeil dijo que el lunes reprendió a Siluanov durante una sesión por la guerra de Rusia en Ucrania. Muchos europeos también se enfadaron porque el Departamento del Tesoro no invitó a representantes de Sudáfrica, miembro de larga data del G20 y la economía más grande de África.

Una oportunidad para China

Pekín está feliz de aprovechar la oportunidad que Trump le presenta al alejar a los socios de Washington. Wu Xinbo, un académico de estudios estadounidenses de la Universidad de Fudan en Shanghái que asesora al Ministerio de Relaciones Exteriores de China, dijo que Pekín tenía dos objetivos: generar un consenso para que Estados Unidos ya no pudiera dictar la agenda por sí solo y asumir un papel más importante en el impulso de la economía mundial. (China también asistió a la reunión del G20).

“Ahora que el motor estadounidense pierde fuerza, o incluso genera efectos secundarios negativos, China, como motor económico, debe dar un paso al frente y desempeñar un papel más importante para impulsar y liderar el crecimiento global”, dijo.

La reunión en Biskek fue una parada de una campaña diplomática más amplia de Xi para trabajar en ambos lados de la brecha emergente en la política mundial. Este año ha recibido a muchos líderes occidentales, incluidos los de Alemania, el Reino Unido y Canadá. Su próximo destino será El Cairo y también se espera que asista a una cumbre de los países del grupo BRICS, un bloque de economías emergentes liderado por China e India, en Nueva Delhi.

Por más que a Xi le gustaría presentar esas agrupaciones como un contrapeso unificado a Occidente, los desacuerdos y las tensiones aún abundan. Pekín y Nueva Delhi tradicionalmente han estado en desacuerdo dentro de los BRICS sobre cómo competir con Estados Unidos, pues India se muestra reacia a ser demasiado beligerante.

En otra señal de una fisura, el primer ministro de India, Narendra Modi, instó a Putin, durante las conversaciones al margen de la cumbre en Kirguistán, a poner fin a su guerra en Ucrania por el bien de la “humanidad”. Putin le dijo a Modi que Rusia se estaba “moviendo en esta dirección”, de acuerdo con los medios estatales rusos.

La cumbre de Biskek también expuso los límites de la solidaridad del grupo. La Organización de Cooperación de Shanghái no es una alianza militar. Pekín puede ofrecer respaldo diplomático, pero no ha estado dispuesto a comprometer fuerzas para defender a Rusia o a Irán.

Para China, ese es el objetivo del acuerdo, argumenta Zhou Bo, un coronel superior retirado del Ejército Popular de Liberación que ahora se encuentra en la Universidad de Tsinghua en Pekín.

“No se basa en relaciones de alianza, por lo que no es provocativo”, dijo. “Es por eso que la gente no tiene problemas en aceptarlo o en involucrarse con él”.

A medida que Washington se retira y el mundo se vuelve cada vez más multipolar, los países elegirán unirse a foros más pragmáticos y con menos ataduras, dijo Zhou. “Naturalmente, todos están minimizando sus riesgos”, dijo.

Ganar ventaja antes de la cumbre con Trump

La demostración diplomática de fuerza de China también refleja la necesidad de Xi de ampliar sus opciones antes de reunirse con Trump en Washington a finales de este mes.

A pesar de haber logrado una tregua económica con China, el gobierno de Trump ha seguido ejerciendo presión al prohibir las importaciones de robots chinos y ampliar las sanciones a las empresas chinas que importan petróleo iraní.

Los funcionarios de Trump también han tomado medidas para frenar el avance de China en inteligencia artificial, al amenazar con restringir los modelos de IA chinos que recopilen datos de los estadounidenses. El gobierno de Trump se prepara para advertir a decenas de países que no participen en una iniciativa china de IA o se arriesgarán a quedar excluidos de una coalición estadounidense de IA llamada Pax Silica, de acuerdo con una carta redactada por el Departamento de Estado a la que The New York Times tuvo acceso. (No está claro si las cartas ya se han enviado. El Departamento de Estado no respondió a una solicitud de comentarios).

China también se enfrenta a posibles restricciones comerciales por parte de Europa. Los legisladores en Bruselas tratan de frenar la avalancha de productos chinos como vehículos eléctricos, paneles solares y productos químicos industriales que inundan la Unión Europea y aceleran la pérdida de decenas de miles de empleos.

Luego están las vulnerabilidades internas de Xi. Una más inmediata es una inundación a lo largo de la frontera con Nepal que ha dejado miles de muertos y desaparecidos y que ha planteado dudas sobre la preparación de China. Otra es la crisis inmobiliaria de años que ha frenado la economía china, y ha obligado a Pekín a depender más de las exportaciones para impulsar el crecimiento, incluso cuando dicha estrategia ha deteriorado las relaciones con los socios comerciales.

“China se enfrenta a vientos en contra, al igual que Estados Unidos”, dijo Yun Sun, directora del programa de China en el Centro Stimson en Washington. “El equilibrio correcto consiste en obtener suficiente apoyo y respaldo en la OCS sin provocar directamente a Trump”.