Cd. de México.- Al menos siete instalaciones clandestinas para procesar hidrocarburos han sido aseguradas en México entre 2025 y agosto de 2026.
Este tipo de hallazgos evidencia un cambio en el negocio del huachicol, que dejó de limitarse a la perforación de ductos y el llenado de pipas para escalar hacia operaciones de dimensiones industriales.El primer complejo fue localizado en 2025 en Coatzacoalcos, Veracruz. En ese sitio, autoridades federales recuperaron más de 500 mil litros de crudo, así como infraestructura para la elaboración clandestina de combustible.En julio de este año, autoridades federales descubrieron en Reynosa, Tamaulipas, dos predios equipados con tanques, tuberías, motobombas, generadores y tractocamiones, con una capacidad de almacenamiento cercana a los 4 millones de litros.
Días después, la Fiscalía General de la República (FGR) aseguró otros cuatro centros de procesamiento: dos en San Luis Potosí, uno en Tizayuca, Hidalgo, y otro en Cuautla, Morelos. En ninguno de estos operativos se reportaron personas detenidas.La instalación de Reynosa dimensionó la magnitud de esta evolución. De acuerdo con las primeras investigaciones, el complejo habría operado durante unos cuatro años con capacidad para procesar hasta 14 mil barriles diarios -equivalentes a más de 2.2 millones de litros- mediante una red de tanques, calentadores, tuberías, bombas y áreas de separación de hidrocarburos.Además, Grupo REFORMA que esa refinería clandestina resultó estar a sólo 1.5 kilómetros de un cuartel de la Guardia Nacional.Para construir y operar un complejo de ese volumen no basta con robar combustible. Se requieren terrenos extensos, plataformas de concreto, tanques metálicos, kilómetros de tuberías, válvulas de presión, mangueras industriales, motobombas, sistemas de calentamiento, separadores, generadores eléctricos y tableros de control de temperatura, presión y flujo.Asimismo, se requiere una flotilla de pipas y tractocamiones para ingresar la materia prima, distribuir el producto procesado y movilizar aditivos, solventes, refacciones y lubricantes. Grúas, montacargas y retroexcavadoras completan el equipamiento necesario para hincar tanques, abrir zanjas, tender líneas y dar mantenimiento a la maquinaria.Un superintendente de Petróleos Mexicanos (Pemex) consultado por este diario explicó que los grupos delictivos identificaron que obtenían mayores márgenes de ganancia al someter el producto sustraído a procesos de separación, mezcla y acondicionamiento antes de su venta, en lugar de comercializarlo de forma directa.Bajo este esquema, el combustible se combina con aditivos u otros derivados para incrementar su volumen y alterar sus propiedades antes de reintroducirlo al mercado. De este modo, cada litro robado deja de ser un producto final y pasa a convertirse en insumo de una operación comercial de alto valor agregado.El montaje y la operación tampoco pueden concretarse únicamente con mano de obra criminal.Una planta de esta naturaleza demanda ingenieros químicos y mecánicos, operadores de procesos, electricistas industriales, soldadores especializados, paileros, laboratoristas y técnicos en instrumentación capacitados para manipular sustancias altamente inflamables, detalló el especialista de Pemex.A la par, la dinámica diaria exige un suministro eléctrico permanente, tráfico constante de autotanques, esquemas de vigilancia, mantenimiento continuo de bombas y calentadores, y aprovisionamiento regular de refacciones e insumos.La movilización de equipo pesado, insumos y personal dificulta que un complejo mantenga actividades durante meses o años sin la protección o tolerancia de las autoridades.Durante una conferencia matutina, la Presidenta Claudia Sheinbaum matizó que los sitios asegurados no corresponden a refinerías integrales como las operadas por Pemex, sino a centros de procesamiento de hidrocarburos donde no necesariamente se transforma petróleo crudo mediante el ciclo refinador completo, sino que se realizan tareas de separación, mezcla y acondicionamiento.Sin embargo, para el superintendente consultado, la precisión terminológica no resta gravedad al fenómeno: los complejos cuentan con infraestructura industrial, registran un alto consumo energético, reciben diariamente volúmenes considerables de hidrocarburos y requieren personal técnico especializado para prevenir fugas, incendios o explosiones.En esta nueva cadena también converge el denominado huachicol fiscal, combustibles que ingresan al País con documentación falsa, subvaluados o declarados formalmente como aceites, aditivos u otros derivados con el propósito de evadir el pago de impuestos.Las tomas clandestinas, por tanto, no desaparecieron. Continúan abasteciendo una parte del negocio y mantienen niveles elevados.Entre enero y abril de 2026, Pemex detectó 3 mil 836 perforaciones ilegales en su red de ductos, 137 más que las 3 mil 699 registradas en el mismo periodo de 2025, un incremento de 3.7 por ciento.Hidalgo, Jalisco, Puebla, Estado de México y Guanajuato acumularon 2 mil 721 tomas clandestinas, equivalentes al 71 por ciento del total nacional.Hidalgo encabezó la incidencia con 986; Jalisco registró 740; Puebla, 362; Estado de México, 341, y Guanajuato, 292.Sólo Hidalgo y Jalisco concentraron mil 726 perforaciones: 45 de cada 100 tomas detectadas por Pemex durante el primer cuatrimestre del año.Esos datos muestran que el piquete al ducto continúa siendo uno de los puntos de origen del combustible ilícito. La diferencia es que ahora el producto puede recorrer una cadena mucho más extensa: extracción, transporte, almacenamiento, procesamiento, mezcla y venta.El huachicol dio así un salto industrial.










