Si no queremos recurrir a las armas, tenemos el voto: Julián LeBarón llega a Parral con su crítica al sistema político

2 thumbnail

“Si no queremos recurrir a las armas, tenemos la oportunidad de usar el voto”. Con esa frase, pronunciada en Parral durante su primera gira política formal rumbo al 2027, Julián LeBarón resumió el tamaño de la ruptura que dice existir entre los ciudadanos y las instituciones encargadas de protegerlos. Para el activista chihuahuense, la violencia, la impunidad y el abandono gubernamental han llegado a un punto donde miles de familias sienten que el estado dejó de cumplir su responsabilidad más elemental: defender la vida, la libertad y el patrimonio de las personas. Por ello, sostiene que la única alternativa para evitar que la desesperación termine imponiéndose es recuperar mediante las urnas el control de instituciones que, a su juicio, fueron secuestradas por intereses políticos, económicos y criminales.

La frase más fuerte de toda su visita ocurrió apenas iniciada la plática. No fue una improvisación ni una ocurrencia lanzada al calor de las preguntas. Fue una declaración cuidadosamente construida para explicar por qué decidió entrar a la política después de años de rechazarla. “Si no queremos recurrir a las armas para reclamar nuestro derecho divino de defender a nuestras familias y de hacer justicia que no nos han hecho, se presenta la posibilidad de usar el voto”, dijo. La expresión marcó el tono de todo el encuentro. LeBarón no estaba hablando únicamente de elecciones; estaba hablando de una sociedad que, según su visión, se siente abandonada por las instituciones y que ha perdido la confianza en quienes deberían protegerla.

Lo que vino después fue una radiografía del estado de Chihuahua. A lo largo de su intervención repitió conceptos como libertad, miedo, dignidad, impunidad y defensa de las familias. Para él, el problema central no es únicamente la violencia que generan los grupos criminales, sino la incapacidad de las instituciones para responder a ella. Su discurso giró alrededor de una idea constante: los ciudadanos han cedido demasiado poder a gobiernos y partidos que dejaron de cumplir con la función básica de proteger la vida y la propiedad.

Más que presentar una plataforma de gobierno, LeBarón construyó un alegato contra el sistema. Criticó a Morena, al PAN, al PRI, al Poder Judicial, a empresarios vinculados con el poder político y a una clase dirigente que, según él, ha convertido a Chihuahua en un estado donde la impunidad se volvió una forma de vida. El resultado fue un mensaje que mezcló activismo, filosofía política, experiencia personal y abierta confrontación con las estructuras que hoy gobiernan el país.

El origen de su indignación

Para entender el discurso de Julián LeBarón es necesario entender la tragedia que lo llevó a convertirse en activista. Durante años fue conocido principalmente como productor agrícola en Galeana. Sin embargo, la violencia llegó a su familia de forma brutal. Primero ocurrió el secuestro y asesinato de su hermano Benjamín en 2009. Después vino la masacre de Bavispe en 2019, cuando mujeres y niños de su familia fueron asesinados en una emboscada que conmocionó a México y al mundo. Desde entonces, LeBarón se convirtió en una de las voces más visibles de las víctimas de la violencia

Por eso, cuando habla de inseguridad, no lo hace desde la estadística ni desde la teoría política. Lo hace desde la experiencia personal. Durante su visita a Parral recordó que seis años después de aquella masacre todavía existen pendientes de justicia y utilizó ese caso para ejemplificar lo que considera el fracaso institucional del país. Según su visión, el problema ya no es solamente que existan grupos criminales, sino que las instituciones encargadas de combatirlos han dejado de cumplir su función.

LeBarón explicó que durante mucho tiempo rechazó la política porque la veía como una estructura cerrada y controlada por intereses ajenos a los ciudadanos. Sin embargo, aseguró que la violencia terminó por convencerlo de que la lucha social debía trasladarse también al terreno electoral. Para él, la política se convirtió en una herramienta para reclamar el uso legítimo de la fuerza que hoy posee el Estado y que, desde su perspectiva, no está siendo utilizada para proteger a las familias.

Su discurso está construido alrededor de esa experiencia. Cada crítica al gobierno, a los jueces o a los partidos tiene como punto de partida la misma pregunta: ¿qué sucede cuando una familia pierde a sus seres queridos y el estado no puede ofrecer justicia? A partir de ahí desarrolla prácticamente todos los argumentos que presentó en Parral.

“El poder judicial nos ha abandonado”

Uno de los temas que más indignación le provocan es el sistema de justicia. Durante la plática repitió varias veces que Chihuahua vive una situación cercana al 100% de impunidad en homicidios. No se limitó a cuestionar procedimientos o reformas legales; fue mucho más lejos. Afirmó que el Poder Judicial abandonó a los ciudadanos y que la falta de consecuencias para quienes cometen delitos se convirtió en uno de los mayores problemas del estado.

Cuando recordó la masacre de Bavispe insistió en que, después de varios años, las familias siguen esperando respuestas definitivas. Para él, ese caso refleja el estado general de las instituciones mexicanas. No se trata solamente de un expediente judicial rezagado, sino de una muestra de cómo las víctimas terminan enfrentando solas procesos largos, complicados y muchas veces infructuosos.

La crítica se volvió todavía más dura cuando habló de jueces y autoridades. Señaló que existen instituciones que terminan favoreciendo a criminales y describió un sistema incapaz de garantizar justicia para las víctimas. En ese contexto utilizó otra de las expresiones más fuertes de toda la conferencia al referirse a la situación actual como “el apocalipsis de los zombies”, una metáfora con la que buscó ilustrar la sensación de abandono e indefensión que, según él, viven miles de ciudadanos.

Para LeBarón, la crisis de Chihuahua no puede entenderse únicamente a partir de los hechos violentos. El verdadero problema es que quienes deberían castigar esos delitos no generan confianza. Por eso insiste en que la discusión central debe ser la impunidad y no solamente las cifras de incidencia delictiva.

Los partidos y la teoría de la Fosa Séptica

Si el Poder Judicial fue uno de los blancos de sus críticas, los partidos políticos fueron otro. LeBarón aseguró que durante años observó la política con desprecio porque considera que las candidaturas están controladas por pequeños grupos de poder. Según explicó, los ciudadanos terminan eligiendo entre opciones previamente seleccionadas por élites políticas y económicas que mantienen el control real del sistema.

Fue entonces cuando lanzó una de las frases más polémicas de toda la conferencia. “Yo le llamo la teoría de la fosa séptica, porque hace que las cacas más grandes floten hasta arriba en el sistema”. Con esa expresión intentó explicar por qué considera que los peores perfiles suelen terminar ocupando las posiciones más importantes dentro de la política mexicana.

La frase provocó sonrisas entre algunos asistentes, pero detrás de ella había una crítica de fondo. LeBarón sostiene que el sistema premia la obediencia y la lealtad a grupos de interés por encima de la capacidad o la integridad. Según su visión, quienes ascienden dentro de las estructuras partidistas son precisamente aquellos que mejor sirven a los intereses de quienes controlan el acceso al poder.

Por esa razón dijo haber sostenido conversaciones con distintos partidos, entre ellos PAN Movimiento Ciudadano, pero terminó alejándose de esas opciones. Considera que las estructuras tradicionales están demasiado comprometidas con intereses particulares y que resulta prácticamente imposible impulsar un cambio profundo desde dentro de ellas.