Durante algunas décadas, la militancia del Estado de México fue una de las más fuertes y unidas del Partido Revolucionario Institucional (PRI), incluso se sobrepuso a algunos problemas que se presentaron principalmente a finales de los años noventa e inicios de los 2000, pues sabía replegarse para defender la entidad y salir victoriosa en los comicios que se realizaban.
A finales del siglo pasado el tricolor vivió una época que nunca pensó que ocurriría, comenzó a perder diputaciones, senadurías y gubernaturas, lo que posteriormente concluyó con la pérdida de la Presidencia de la República. Todo lo anterior provocó que el partido se reestructurara desde el ámbito nacional hasta lo local, cambiando las dinámicas que se habían consolidado desde su fundación en 1929.
Fue la victoria del Partido Acción Nacional (PAN) en el año 2000 con Vicente Fox la que cimbró la estructura del PRI debido a que, por primera vez, el partido tenía que actuar sólo con el presidente del partido y no con el titular del Ejecutivo Federal, lo que dio paso a que algunos otros liderazgos partidistas comenzaran a tomar protagonismo.
Como se mencionó, el Edomex siempre fue muy cercano a la Dirigencia Nacional y la presidencia del país, debido a la cercanía geográfica de la entidad con la Ciudad de México, incluso algunos académicos apuntan a que era el mandatario federal el que tomaba la decisión final sobre la elección del candidato a la gubernatura, lo que hacía que siempre existiera una relación de cordialidad.
No obstante, previo a la elección de 1999, de acuerdo a la información que recopiló el autor Juan Carlos Villarreal Martínez, el entonces presidente Ernesto Zedillo Ponce de León no decidió quién sería el candidato que sucedería a César Camacho Quiroz, suplente de Emilio Chuayffet, por lo que la dirigencia mexiquense tomó la decisión de elegir al primer candidato a la gubernatura mediante elecciones primarias, es decir, con el voto de la militancia.
Debido a que fue la primera vez que se realizaba dicho ejercicio, los problemas no fueron ajenos, por lo que el priismo de la entidad tuvo que organizar todo y sopesar los conflictos entre los aspirantes al cargo que no estuvieron de acuerdo con el candidato. El ganador fue Arturo Montiel, quien a la postre se convirtió en el gobernador.











