“Vivir aquí es el infierno”, tanto para los internos como para sus familiares que los visitan, “no se lo deseamos a nadie”, pues el hacinamiento es tal que tienes que pagar 500 pesos a la semana por un espacio en el piso para dormir en el suelo y si no tienes dinero, duermes colgado a los barrotes y con los pies hinchados como elefante.
Al Centro de Preventivo y de Readaptación Social Juan Fernández Albarrán, conocido como Barrientos, cada semana familiares de los internos llevan comida en bolsas de plástico, chicharrón guisado, frijoles, pasta, arroz, galletas, leche, pan, palomitas y hasta galones con agua, “porque aquí no les dan de comer y si hay algo, es una porquería”.











