Mercedes Álvarez Vicencio, Meche, no fue solamente la mujer que compartió una amistad cercana con Juan Gabriel durante sus primeros años. Para Rafael Licón, productor de la novela biográfica No soy Meche, la de Juan Gabriel, su historia representa una parte de la memoria de Ciudad Juárez y de una época que poco a poco desaparece.
Licón explica que su interés por recuperar la vida de Meche no surgió únicamente por su relación con el cantante, sino porque ella misma se había convertido en un personaje representativo de la ciudad: “A mí me interesó su vida no por Juan Gabriel, sino por ser ella un símbolo”, explica.
La preocupación del productor parte precisamente de que cada vez quedan menos personas que vivieron aquel Juárez de la década de los años sesenta, setenta y ochenta.
Meche fue una de ellas y su historia quedó ligada a los bares de la Avenida Juárez, a los personajes de la vida nocturna y a una ciudad que en aquellos años recibía visitantes de ambos lados de la frontera: “Cada vez él se va acabando más y más y más; quedan como unos pocos de esa época que estuvimos”, señala Licón al hablar de la generación que conoció directamente aquella ciudad.
Pero dentro de esa historia, Juan Gabriel ocupa un lugar fundamental. Licón lo incluye en el relato porque su vida también quedó marcada por Juárez y porque la amistad con Meche ocurrió antes de que Alberto Aguilera alcanzara la fama internacional.
Y citó las palabras que Meche le dijo cuando aceptó que se hiciera su biografía respecto a hablar del Divo de Juárez: “A Juan Gabriel yo lo incluyo porque yo no lo busqué, él me buscó a mí. Tiene que estar en mi historia, tiene que estar en mi vida. ¿Cómo no lo voy a poner si es mi vida?”
La relación entre ambos comenzó cuando Juan Gabriel todavía era conocido como Adán Luna y buscaba oportunidades para cantar. Meche conocía los bares y los ambientes nocturnos de la ciudad y terminó ayudándolo a abrirse camino. Fue una relación que nació cuando ninguno de los dos tenía dinero ni reconocimiento.
El también periodista y empresario rechaza, sin embargo, la idea de presentar a Meche como una especie de “salvadora” de Juan Gabriel. Su importancia estuvo en el acompañamiento y en el apoyo que ambos se dieron durante una etapa de dificultades.
“Y no es que haya sido su salvadora o que sin ella no hubiera sido famoso”, aclara. “No es que entre los dos, igual, si no tenían dinero, se comían un huevo cocido, comían un huevo y una Coca-Cola o un burro de a peso”.
Aquellos años de carencias, considera, son precisamente los que explican la fuerza de la relación. Amigo íntimo de Meche, vuelve a citar las frases que Meche le repetía: “Los dos la sufrimos, por eso fuimos tan felices porque no había dinero, estábamos pobres y es cuando se valora”.
Para Rafael Licón, Meche tuvo además la capacidad de reconocer antes que otros el talento del joven cantante. Juan Gabriel solía acercarse para mostrarle las canciones que iba componiendo y preguntarle qué opinaba.
Ella, recuerda, siempre le dio ánimos: “Siempre le dijo: ‘tú vas a hacer algo muy grande’”. Incluso, Meche le advertía que quizá algún día el cantante alcanzaría tanta fama que dejaría atrás a sus viejos amigos: “A lo mejor ya no me vas a querer, ya no me vas a ver, ya no me vas a recordar. Yo sé que tú vas a hacer algo muy grande”.
Para el productor, esa relación fue importante porque Juan Gabriel encontró en Meche una persona que lo conocía antes de convertirse en artista. No estaba frente a la estrella, sino frente al muchacho que todavía buscaba una oportunidad.
“Yo lo conocí, yo lo quise por ser él, por sentimientos”, recuerda Licón sobre la manera en que Meche veía al cantante. “Necesitaba apoyo; a veces se deprimía, a veces decía: ‘no voy a poder, no voy a ser famoso nunca, nunca voy a hacer algo’”.
Ese acompañamiento, sostiene, funcionó para ambos como una forma de apoyo emocional: “Los personajes sensibles, artistas que se sienten solos, y con una amistad como ésta, es un alimento, es una vitamina para salir adelante”.
La historia de Meche también permite recuperar la dimensión de la antigua Avenida Juárez, donde los bares y centros nocturnos fueron parte fundamental de la vida económica y social de la frontera. Para Licón, esa etapa no puede entenderse únicamente desde los estigmas que durante décadas acompañaron a la ciudad.
Juárez fue conocida durante años como una ciudad de cantinas, cabarets y vida nocturna. Pero detrás de esa imagen existía también una dinámica económica que atraía visitantes, artistas y trabajadores.
Meche, recuerda Licón, hablaba de aquella época con orgullo y defendía a la ciudad cuando alguien intentaba hablar mal de ella. “Ella siempre dignificó mucho Juárez, pues muy en alto a Juárez”, afirma. “Siempre hablaba bien de Juárez, no dejaba que a nadie se refiriera mal de Juárez”.
Para ella, la frontera había representado oportunidades. Había conocido artistas y músicos de distintos lugares y había sido testigo de una época de prosperidad en la que la Avenida Juárez se convirtió en uno de los principales puntos de encuentro de la frontera.
Licón considera que entender esa historia también es necesario para comprender al propio Juan Gabriel. Las experiencias que vivió en Juárez, desde sus primeros años hasta sus presentaciones en los centros nocturnos, terminaron convirtiéndose en parte de su formación.
Por eso considera que la ciudad fue una fuente de inspiración para el cantante. “Yo creo que no hubiera tenido tanta inspiración como alguien que ya tiene todo”, explica. Juan Gabriel, dice, “empezó desde niño a sufrir” y encontró en distintas personas el cariño y el apoyo que necesitaba.
Para Licón, el valor de ambos trasciende la relación personal. Meche y Juan Gabriel representan dos caras de una misma ciudad y de una generación que creció en una frontera distinta a la actual.
Meche representa a la mujer que conoció y vivió los barrios, los bares y la vida nocturna de la Avenida Juárez. Juan Gabriel representa al joven que surgió de ese mismo entorno y convirtió sus experiencias, sus carencias y sus recuerdos en canciones que terminaron recorriendo el mundo.
“Ella es un personaje en la historia de Juárez. Se quedó inmortalizada tan sólo por haber sido parte de la vida de Juan Gabriel”, dice. Incluso los espacios que alguna vez fueron escenario de aquella vida conservan parte de su memoria. Licón señala que algunos bares de la Avenida Juárez que todavía permanecen abiertos funcionan también como una especie de recuerdo de aquella época.
“Los bares que aún permanecen en la Avenida Juárez, pues ya cerraron muchos, pero los que todavía están abiertos, pues ahí anda todavía su recuerdo”, comenta. Rafael Licón describe a Meche como una mujer con carácter fuerte, pero también con un enorme corazón y una disposición constante para ayudar a otras personas: “Tenía un corazón muy grande, ella decía, lo poco que tengo, si puedo darlo, lo doy”.











