Javier Corral y el arte de no soltar

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Javier Corral sigue sin encontrar su lugar en la política mexicana. El exgobernador de Chihuahua aparece una y otra vez en medio de conflictos locales, declaraciones mediáticas y viejas disputas personales, como si todavía estuviera atrapado en campaña permanente contra fantasmas de su propio sexenio.

Esta semana, el secretario de la Función Pública estatal,, volvió a lanzarle críticas directas al asegurar que Corral “no ha soltado el tema” y cuestionó la obsesión con la que continúa interviniendo públicamente en asuntos políticos y judiciales relacionados con Chihuahua. La declaración volvió a exhibir algo que hace tiempo comenzó a notarse en el estado: el exmandatario parece vivir instalado en un conflicto interminable con su pasado político.

Porque Corral terminó convertido en una figura extraña dentro del escenario nacional. Ya no pertenece realmente al PAN, pero tampoco encaja del todo en Morena. No lidera un movimiento, no gobierna y tampoco construyó una nueva plataforma política sólida. Simplemente aparece constantemente opinando, denunciando y reviviendo pleitos viejos, como político que se niega a aceptar que el escenario ya cambió.

En Chihuahua, cada vez más personas comienzan a verlo como un político “chalagadizado”, atrapado en discursos repetitivos sobre persecuciones y conspiraciones mientras la vida pública del estado sigue avanzando sin él. La paradoja es brutal: un exgobernador que alguna vez prometió transformar Chihuahua terminó convertido en comentarista permanente de sus propias frustraciones políticas.

¿Qué busca hoy Javier Corral más allá del ruido mediático? Da la impresión de un político incapaz de cerrar ciclos. Un hombre que abandonó un partido sin encontrar completamente otro, que dejó el poder pero sigue caminando alrededor de él, como visitante frecuente de una casa donde ya nadie le entrega las llaves.