¿Por qué Israel bombardea masivamente Líbano?
Porque ha declarado la guerra a Hezbolá, de igual manera que lleva un año destruyendo la Franja de Gaza tras declarar la guerra a Hamás el 7 de octubre de 2023, día en que tres mil milicianos del movimiento de resistencia palestina cruzaron la frontera y asestaron el mayor atentado terrorista de la historia del Estado judío, con mil 200 muertos y 250 secuestrados, de los que la mitad siguen en poder de los terroristas.
El 8 de octubre de 2023, un día después de los atentados, Hezbolá comenzó a lanzar cohetes diariamente sobre el norte de Israel, en solidaridad con el “heroico acto de resistencia”, como definió el grupo armado libanés al ataque masivo contra civiles de Hamás, y en represalia por los bombardeos masivos e indiscriminados de los israelíes sobre la población gazatí, con un saldo ya de más 41 mil muertos.
Los bombardeos de Hezbolá sobre el norte de Israel provocaron el éxodo de más de 60 mil israelíes, que llevan casi un año alojados en hoteles o en casas de familiares. Por tanto, la campaña militar israelí está destinada a neutralizar las lanzaderas y los arsenales de cohetes de Hezbolá, de manera que sea seguro el regreso de los israelíes al norte de Israel, y de paso, a eliminar a cuantos milicianos, comandantes y clérigo de Hezbolá pueda.
¿Por qué Netanyahu ordenó ahora la guerra contra Hezbolá en Líbano y no antes?
La primera pista la dio el ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, el 10 de septiembre, cuando en una entrevista anunció que “Hamás ya no existe como formación militar en Gaza”, luego de más de 11 meses de guerra.
“En este momento Hamás está llevando a cabo una guerra de guerrillas, mientras sus dirigentes huyen”, declaró, sugiriendo que la prioridad del grueso de las fuerzas israelíes en el sur del país había concluido y ahora tocaba el turno de “arreglar” la crisis en el norte.
La segunda pista la dio propio el primer ministro, Benjamín Netanyahu, una semana después de anunciar su responsable de Defensa la derrota militar (casi total) de Hamás. El 16 de septiembre, el líder del gobierno más supremacista judío de la historia de Israel comunicó al enviado de Estados Unidos en Oriente Medio sobre una inminente “operación militar” contra posiciones de Hezbolá en Líbano.
Ya antes del verano, Netanyahu —acorralado por las protestas masivas de israelíes para que negocie la liberación de los rehenes y hundido en las encuestas por pasar por alto las alertas sobre que Hamás preparaba algo grande— advirtió a la guerrilla chiita libanesa que la paciencia de Israel se estaba agotando y que si no dejaba de lanzar cohetes la venganza iba a ser bíblica.
Quizá ya para entonces, el Mossad, los servicios de inteligencia y operaciones antiterroristas en el exterior (excluidos los territorios ocupados: Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este) ya empezó a planear el golpe más espectacular contra Hezbolá en los 42 años de la existencia de la milicia libanesa. Y el momento del plato frío de la venganza llegó el 17 de septiembre, tras lograr averiguar dónde se escondían los comandantes de la milicia chií, y sobre todo, dónde tenía su búnker el jefe supremo de Hezbolá, Hasán Nasralá.











