¿Quién le hubiera dicho a un chico de 14 años que apenas aprendía de melodía, ritmo y armonía que siendo adulto tocaría en una orquesta en Suiza? Seguramente el entusiasta alumno de viola hubiera abierto grande los ojos, pensado en ello como en un sueño imposible y suspirado ante semejante aspiración.
Pero como los sueños a veces se materializan, Fernando Domínguez Cortez hizo lo que tenía que hacer para ser hoy miembro titular de la Orchestre de la Suisse Romande (OSR), es decir, la Orquesta de la Suiza francófona, con sede en el Victoria Hall de Ginebra.
Juarense, de 30 años de edad, Fernando es licenciado en Música por el Instituto Superior de Música Esperanza Azteca (ISMEA), y tiene una maestría en Interpretación por la Universidad de Música de Lausana en Suiza.
Antes de mudarse a Europa, el concertista comenzó aquí su preparación, primero como parte del programa de orquestas Esperanza Azteca, y posteriormente como estudiante de Música en la UACJ.
Aprovechando una pausa en su apretada agenda de presentaciones, viajó a Ciudad Juárez para ver a su familia y compartir su experiencia con los integrantes de la orquesta que lo vio nacer como violista y de la que es miembro fundador.
Disciplina y pasión
Fernando Domínguez formó parte de la primera generación de la Orquesta Esperanza Azteca, programa social y musical que se implementó en esta frontera en 2010.
“Yo quería tocar violín, como el 80 por ciento de la gente que se presentó, pero los maestros me asignaron a viola y me gustó. Ahí duré cinco años como alumno y después se abrió una vacante para ser maestro y me la ofrecieron. Más adelante fui director en la orquesta infantil, la que luego se convirtió en Orquesta Revolución”, comparte Fernando.
Con tanto tiempo invertido en su formación artística, al terminar la preparatoria tuvo que enfrentarse a la decisión que definiría su futuro. Aunque hubo un poco de duda, la música ganó.
El primero en apoyarlo fue su hermano Ricardo, también músico, pero lo mismo hicieron sus padres, quienes ya estaban muy involucrados en el ambiente musical.
Primero, el músico se matriculó en la licenciatura de la UACJ, y pasado un tiempo se fue a estudiar al Instituto Superior de Música Esperanza Azteca, lo que lo tuvo viajando a Puebla durante dos años.
“Fue mucha organización, como la universidad forma parte del proyecto y me dieron la oportunidad de estar yendo y viniendo, me iba una semana al mes a tomar clases intensivas y ponerme al corriente”.
Finalmente, logró la titulación en 2019, y fue entonces que tuvo que pensar en el paso siguiente.
Trabajar por un sueño
En Puebla, el maestro Julio Saldaña, quien siempre alienta a sus alumnos a buscar oportunidades en el extranjero, aconsejó a Fernando solicitar cupo en alguna universidad europea.
“Yo quería ir a Estados Unidos, pero él me aconsejó buscar en Europa y me consiguió contactos en Suiza. Luego arreglamos todo para presentarme y ver si me aceptaban. El trámite es largo, enviar documentos, presentarse allá y tocar para los maestros en una audición”.
En esa dura prueba, Fernando se midió con otros 14 músicos, procedentes de Suiza, Francia, Italia y Rusia. Al final, el resultado fue favorecedor.
“El maestro me dijo que vio potencial en mí, con detalles qué trabajar, pero que sabía que iba de lejos y que en mi manera de tocar se veían las ganas de superarse y aprender. Él fue quien decidió aceptarme en su estudio y me fui para allá”.
Dos años transcurrieron durante la primera maestría. Al concluirla, le ofrecieron cursar una especialización en Músico de Orquesta y la tomó.
“En este otro master vi materias teóricas y otras que eran una preparación para concursos de orquesta, para estar preparado para cuando se abren puestos. Así fue que hice alrededor de 12 audiciones hasta que en octubre de 2022 gané mi plaza», dijo.











