La historia de Don Pascual Ibarra

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En las calles de Ciudad Juárez, se conserva un pedazo de historia plasmado en una serie de fotografías que han logrado capturar momentos únicos de la vida cotidiana de la frontera. A través de estos recuerdos visuales, podemos conocer cómo era la ciudad desde los años cincuenta a los noventas, momentos que han quedado inmortalizados gracias a un hombre que dedicó su vida a retratar a quienes caminaban por las calles de la ciudad.

Pascual Ibarra

Nacido en León, Guanajuato, Don Pascual Ibarra llegó a Ciudad Juárez en la década de los 50’s, en busca de mejores oportunidades. Su oficio original era zapatero, pero su destino le tenía reservada una cámara fotográfica que cambiaría para siempre su vida y la de muchos juarenses. Así fue el inicio de una trayectoria que quedaría grabada en la memoria de los habitantes de esta ciudad fronteriza.

Don Pascual comenzó a tomar fotografías de las personas que pasaban por las calles, especialmente cerca del Banco Mercantil en la avenida 16 de septiembre y casi esquina con Ferrocarril, justo al lado de la casa de música de Lux, un lugar de encuentro habitual para los habitantes de la ciudad en esos años.

“El Retratador”

Con su cámara prestada y su esperanza intacta, Don Pascual caminaba por las calles gritando “¡El Retratador!” para llamar la atención de aquellos que, sin saberlo, serían parte de una historia visual que perduraría por generaciones.

Las personas que se acercaban al fotógrafo no siempre eran conscientes de la importancia de ese momento, y en muchas ocasiones, sólo se encontraban con una cámara apuntándoles mientras continuaban su camino.

Niños, adultos, jóvenes y hasta transeúntes comunes se convertían en parte de un gran mural fotográfico que con el tiempo se iría transformando en un testimonio de la vida en la frontera.

Inicios

Sus primeros retratos fueron de niños que caminaban junto a sus padres, y más tarde comenzó a capturar a jóvenes en bicicleta, parejas enamoradas, o incluso a los chicos rudos y rebeldes de la época, siempre en busca de la foto perfecta, esa que reflejaba la verdadera esencia del momento.

Don Pascual tenía una técnica única, no importaba cuán difícil fuera la toma, siempre encontraba la manera de capturar la imagen perfecta. Si alguien no volteaba o no sonreía, levantaba la mano para que lo hicieran, buscando ese instante espontáneo y natural que lo caracterizaba.

El fotógrafo nunca dejaba de innovar; con el paso del tiempo, lo podías encontrar en la Plaza de Armas, especialmente en vísperas de Navidad, cuando montaba su famoso trineo y sus venados, y por supuesto, Santa Claus, que se convertía en otro de los personajes que adornaban sus instantáneas

Legado

Uno de los momentos más innovadores de Don Pascual fue su incursión en el formato Polaroid, frente a la Casa Mayor, donde logró capturar fotos instantáneas, imprimiéndolas en pequeños llaveros. Este formato moderno fue una novedad en la ciudad, y muchos juarenses los atesoraron como pequeños recuerdos.

Su fotografía era un testimonio de vida, un reflejo de las emociones, de la juventud, de las primeras sonrisas y los primeros amores, de las memorias de una Ciudad Juárez que iba transformándose con el paso de los años.

Hoy, muchas de esas personas ya no están, pero sus recuerdos siguen vivos gracias a las fotografías que Don Pascual logró capturar. Las imágenes de su juventud, de su niñez o de los momentos compartidos con sus seres amados se conservan en los viejos álbumes de familia, donde cada fotografía cuenta una historia.