Dedicado con cariño a Rodolfo Luna
Hace mucho, mucho tiempo; existió en este planeta un director que rompió estereotipos cinematográficos al contar historias que podían ser obscuras pero accesibles para todo tipo de audiencia y que fue, paso a paso, formando un ejército de feroces seguidores que lo convirtieron en culto etiquetando a su cine como gótico contemporáneo (sic). Llegando incluso a acuñar el honorable y muy valioso título de Cine de Autor en el punto más alto de su carrera.
Ese director se llama Tim Burton, un realizador que dejó en la historia del cine mundial obras verdaderamente asombrosas que a la fecha son buscadas por las nuevas generaciones quedando marcadas, como las predecesoras, en sus historias personales con relación al cine.
Sin embargo, en algún punto de esa carrera, la creatividad de su cinematografía se empantanó y estandarizó dejando atrás el ser un realizador de propuesta para convertirse en lo peor que le puede pasar a un narrador de historias: Reciclarse ad nauseam.
Por lo mismo, este texto va dedicado al director fresco y audaz que rompía esquemas narrativos para no solo contar historias sino darles un contexto y un sello único que no creó escuela porque nadie se atrevió a arrebatarle ni un ápice de creatividad so pena de ser acusado de plagio.
Un homenaje que toma la forma de una película parteaguas no solo en la historia del cine mundial sino a lo que significa adaptar un cómic al cine hecha por ese director que yo extraño cantidad y que me dio tantos momentos inolvidables en mi cultura cinéfila.











