Uno se niega a creer que el respaldo presidencial a la manifestación del pasado sábado ante la Suprema Corte de Justicia avala la violencia verbal y física de las facciones más radicales del partido oficial y sus pulsiones autoritarias.
Y se pregunta si tal tolerancia no estimulará a otros gobernadores morenistas y otros radicales a crear grupos de acción directa para la campaña presidencial como las “squadre d’azione” —escuadras de acción— del fascismo italiano del siglo pasado.
Escuadras similares a los “camisas negras” —no cafés, como erróneamente dijo quien esto escribe—, los usó el fascismo italiano como electorales fuerzas de choque contra sus adversarios políticos. ¿Quieren eso de su progresista “revolución de las conciencias”?
A prueba el temple de la Alianza Opositora
Pasan los días y aumenta las presiones sobre los dirigentes de los partidos de la alianza opositora —PAN, PRI y PRD—, impresentables, dicen muchos, pero indispensables si los malquerientes del régimen quieren darle a Palacio otro sofocón.
Se ha vuelto políticamente correcto denostar al priista Alejandro Moreno Cárdenas y, como dicen en Tabasco, cucar al panista Marko Cortez y marginar al perredista Jesús Zambrano, sin entender que son la única opción para la oposición.
Curioso que a tantos que juran y perjuran estar en contra del régimen lopezobradorista los prejuicios personales les nublen el juicio. No se dan cuenta que, a un año de la elección, como dijo alguien, sólo pueden optar entre lo desastroso y lo desagradable.











